Tras horas escuchando música de la radio, sólo me gusta una única canción. Todo me parece igual, la verdad. Todo suena a vacío y a fórmula creada y repetitiva como si fueran piezas en una cadena de montaje. Quizá es por eso que me resulta tan fácil abstraerme para estudiar con este tipo de música, porque no me dice absolutamente nada.
Y pienso en las listas de las canciones o de los discos que han pasado a la historia de décadas anteriores. Y me pregunto qué quedará de todo lo que suena por la radio. Me pregunto dónde está el resto de música que se hace, verdaderas maravillas de discos y canciones, diferentes, de otros estilos. Porque realmente parece que sólo exista la música pop. Y entiendo perfectamente la idea que se forma la generación anterior cuando aseguran que la música de antes era mejor que la actual.
Y no puedo culparles. Porque si sólo me quedara con lo que ponen en la radio, yo también pensaría igual. Por suerte, tenemos internet y curiosidad que nos hace llegar a tantos y tantos compositores y grupos que nunca escucharemos por la radio pero que seguro seguirán sonando en nuestra casa cuando tengamos nietos.
No entiendo por qué se deja de lado lo diferente. Hay tantos generos que parecen no existir en las radiofórmulas: música instrumental, clásica, rap, punk, reggae, canción de autor, heavy, flamenco...
Dicen que lo que pinchan es lo que la gente demanda. Pero no es cierto, hay otras inquietudes. Hay público para otras sensibilidades. Pero nadie nos tiene en cuenta. A pesar de que seamos un público fiel que valora lo mucho que cuesta sacar adelante un disco, comprándolos originales.
Prefieren seguir apostando por vendernos un único modelo. La música que promocionan los medios parece un uniforme.
Pero algunos no olvidamos que el origen etimológico de la música viene del griego antiguo, de MUSA, es decir, los personajes femeninos que inspiraban a los artistas. Algunos seguimos buscando esa música que nos inspire, que nos haga sentir.
1 invitaciones a vivir:
Yo me siento orgulloso de decir que no escucho absolutamente nada de las radiofórmulas.
Por ejemplo, Madrid, y supongo que muchas otras ciudades, está lleno de garitos y cafés donde tocan tipos/as con guitarras, auténticos poetas que consiguen arrancar destellos y lágrimas cada noche.
Tipos y tipas a los que la comercialidad dio de lado, y menos mal, porque supongo que lo efímero y que conoce poca gente es al final lo que consigue mover corazones. Tipos/as que se ganan la vida, de café en café, como antiguos juglares, siempre en la carretera y siempre de aquí para allá.
Yo al menos solo consigo disfrutar si lo que escucho me dice algo.
Un saludo.
Oski.
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