
Guerra sucia
Amaños, arterias, trucos del corazón
que aplacan la conciencia cuando les damos vuelta.
Francisco Díaz de Castro
"Sospecho que jamás volveré a verte.
Sospecho que será mi amor tan corto
como el viaje en un tren de cercanías,
que no apartarás, durante el trayecto,
la mirada del libro que sostienes
con firmeza entre las manos, ajena
a la lluvia, al paisaje, a mi presencia.
Mientras, el silencio pasa rozándote,
rozándonos los labios
hablándome de ti,
de la noche que se acerca insegura,
humilde y vacía como la próxima
estación, como el próximo fracaso.
Indiferente y sola, te marchaste.
En el aire viciado del vagón
quedó flotando el poso
de la nostalgia. Perseguí a través
del cristal el fantasma de un recuerdo,
si hermoso o terrible, lo desconozco.
Pero no renunciaré -porque me pertenece-
a la lectura de ese joven cuerpo
ala deriva, a inventar un pasado,
a defender la bondad de los sueños.
Tal vez, años después, ya casi viejo,
me arrepienta de las horas perdidas
observando cómo el deseo mancha
las paredes insomnes de la casa,
cómo cubren de escombros y hojas muertas
el jardín. Tal vez piense que, en el fondo,
todo tiene un precio, que fabriqué
una historia, una vida fantástica,
irreal que -como advertía Rilke-
debo olvidar para hacerla únicamente
mía y que desdibujo sin pudor
como argumento para emborronar
unas cuartillas y engañar así
al inocente lector que me cree
sincero y siente, quizá, en su propia
carne la herida informe, no cerrada
del amor traicionado.
Depende de mí, de si continúo
o no este juego que vivas o mueras.
Con un golpe de suerte, con los dados
trucados puedo desenmascararte."
De 'Corriente subterránea'
CARLOS ALCORTA (España 1959)
***
PD: Renunciar a amar, a cambio de sentirse amado. Renunciar a la posibilidad de romperse, a cambio de estar medio entero. Renunciar a la probabilidad de perderlo todo a cambio de tener sólo una pequeña parte. Nadie nos puede culpar por tener instinto de supervivenvia. Nadie puede culparnos por olvidar qué implicaría la posibilidad de perderlo todo. Nadie puede culparnos por conformarnos cada vez más.
Nos han convencido de que no hay más opciones. Y muchos, hemos olvidado de que además de estar vivos o muertos, también podemos ser felices. Pero nuestro instinto de supervivencia nos acaba atando de manos y pies, confundiendo nuestras prioridades.
El problema es, cuando, aún así, la felicidad "tira piedritas en la ventana", como decía mi queridisimo Don Mario Benedetti. Nos damos de lleno contra el suelo por lo dificil que es caminar hacia ella en esas condiciones. Y volvemos a pensar que no valía la pena, en vez de intentar desatarnos para la próxima vez.
Suerte que la vida, nunca nos da por perdidos. Y seguirá intentándolo hasta que dejemos de luchar contra nosotros mismos.
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foto: http://1.bp.blogspot.com/-_4_l2Nt5F_w/Tjx9_dgVzII/AAAAAAAAAcc/vN_BVPPnRTw/s400/1366653249_99bf2ff416.jpg
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