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sábado, 14 de noviembre de 2020

Te anudas la corbata




La nada avanza, imparable.
Miras al horizonte y solo hay trampas.
Vacíos. Piedras. Carteles equivocados.

Apenas llegas a fin de mes.
Te anudas la corbata, última dignidad,
Sales a la calle. Hoy seguro que tengo suerte.

La gente intenta entenderte, pero no puede.
Ellos no tienen miedo del futuro.
Ellos no temen cerrar los ojos de noche.

Cada día, un poco más viejo y cansado.
Quieres aprender. Quieres ser el elegido.
Hay demasiados. No hay para todos. Hay demasiados.

La nada borra tus pasos, inexorable.
Miras al horizonte. Te anudas la corbata.
Tu vida, resumida en una hoja.
Hoy seguro que tengo suerte.
Hoy recupero mi dignidad.

lunes, 19 de octubre de 2020

Quiero quemarme. No quiero que quede nada para nadie más.




Tejo locuras en cada almohada sin sueño.
Vuelo futuros que no llegan nunca, 
como esa cometa que aún no he aprendido a hacer volar.
Amo. Amo con urgencia. Con ansia de llegar al destino.
Y el cable del teléfono anda medio estropeado.

Bailo canciones que aún no hemos escrito.
Soy la loca que aúlla a la luna,
la que escapó del manicomio para escribir que amo.
Y me encuentro señales de direcciones prohibidas
y calles medio borradas que no acierto a descifrar.

Y el cordel de la cometa se me escapa de las manos
y yo grito junto al viento que quiero saltar al otro lado.
Y pongo las letras sobre la mesa para ordenarlas
y la palabra mañana lo tapa todo y no me deja ver.

Y las manos me queman, me quema la voz
me aferro a este hierro candente
y tengo sed, urgencia de notas y presentes.
Abro regalos y lloro. Porque quiero llegar.
Quiero que tu locura acaricie la mía.
Quiero que echemos la puerta abajo, futuro que nunca llega.

Y corro kilómetros de impaciencia, sin aire, sin piernas.
Y todo me sabe a urgencia. A pronto, pero no. 
A que nunca llega la hora. Y salto, pero no. 
Y oigo que me llamas, pero el teléfono tiene interferencias.
Y nunca llego. Nunca llegas. Y grito. Grito ausencias.

Si alguna vez amé con calma, no era yo. Yo soy esta: La que grita.
La que suplica al viento, a los rayos  que caigan sobre mí y me fulminen.
Para darme la vida. Para que yo pueda dártela a ti. Y resucitemos al fin.
Quiero quemarme. No quiero que quede nada para nadie más. Ahora.

sábado, 17 de octubre de 2020

Sin brújula, me pierdo por el bosque.




El día en el que dejaste de pronunciar mi nombre,
ese día, ¿recuerdas? (iba a poner de huracanes, pero, no)
olvidé quién era y lo que quería ser de mayor.

No es que te necesitara desesperadamente.
No es que no pudiera vivir sin ti. No, no es eso.

Es que yo, sin brújula, me pierdo por el bosque.
Nunca he sabido dónde está el norte.
Y entonces las olas me llevan a donde no quiero.
Y la noche es muy oscura con tanta contaminación.

No es que seas mi faro. Es que eres la luna que refleja mi luz.
No es que sea tu luz. Es que soy la luna que refleja tu faro.

martes, 13 de octubre de 2020

Hablabas solo, loco, desesperado.



Escribiste un libro. No. Escribiste diez libros. Uno cada año.

Buscabas la cura de nuestro insomnio.

Te sangraban los dedos, conjurando hogueras.

Buscabas pócimas, para el hechizo, en ese caldero mágico.

Lanzaste los muebles por la ventana. En casa, te miraban raro.

 

Te revolvías el pelo, caminabas de un lado a otro,

Animal enjaulado, enfermo en fase terminal de la rutina.

Inercia de vida amable; dejarse querer, sin elegir.

Sonidos mentales, cama deshecha. Destierro de tu paraíso.

Perderse, perderse y perderse. Buscarlo todo. El infierno.

 

Escribiste una canción. No. Escribiste cuatro mil canciones.

Una cada día. Te subiste al andamio. Cinco escaleras.

Un globo. Una noria. Manojo de escarcha en tus manos.

 

 En casa, te miraban raro. Ya no te entendían.

Igual nunca lo hicieron. Qué fácil es no arriesgarse.

Las luces te ciegan. Qué fácil es confundirse de canción.

 

Hablabas solo, loco, desesperado. Fatigado de no encontrar.

Buscabas el mapa. Buscabas las cartas. La palabra exacta.

No mediste. Te dio todo igual. Lo arriesgaste todo.


Buscabas mi nombre verdadero. Buscabas la cura de tu insomnio.


sábado, 10 de octubre de 2020

Me da pánico volver a sentirme como una idiota



No entiendo muy bien qué ha pasado. Había decidido tejer de odio esta colcha. Ensayaba un desprecio en el espejo y, en la ducha, te rechazaba. Rechazaba tus declaraciones; te empujaba; te declaraba la guerra; te lanzaba por el despeñadero y te decía ya es tarde. Así te odiaba. Ferozmente. Nunca nadie ha odiado tanto a nadie como yo a ti (y seguramente tú a mí).

Y ahora, me da pánico volver a sentirme como una idiota. 

Me prometí no dejar de odiarte jamás. Deseaba encontrarme contigo; deseaba tu mano rozando mi brazo, levemente, como antes, ¿te acuerdas?, de decidir odiarte; deseaba escuchar que... que me pedías perdón... que... no sé. No sé qué deseaba escuchar. Y yo, poniéndome mi mejor máscara, deseaba ferozmente hacerte daño. Cuánto deseaba encontrarte, confesando que me amas y que nunca dejaste de hacerlo. Cuánto deseaba poder rechazarte. Cuánto deseaba verte de nuevo. Verte y verme de nuevo en tus ojos. No entiendo muy bien qué ha pasado. Te juro que había decidido odiarte para siempre.

 Ya sabes que siempre se me dio muy bien engañarme. Como cuando me convencí de que no te amaba. Como cuando me convencí de que, en realidad, tú no me amabas.

 Y ahora, me da pánico volver a sentirme como una idiota.



miércoles, 7 de octubre de 2020

Aunque luego, ya sabes: Abro los ojos y mil calles.

Peggy Choucair


















Somos esta hoja en blanco que tengo enfrente.
Este bucle infinito. Hay que salir de estas vías.
La vida tan lejos y yo, manos atadas.
Tendrás que fiarte de mí. Y de ti, amor.

Te beso. Cambio tus manos por las mías.
Subo la apuesta y te beso. ¿O es al revés?
Aunque luego, ya sabes: Abro los ojos y mil calles.


Somos el gesto, la piel que memorizamos a tientas.
El silencio de tus labios en los míos.
El sol de un pentagrama que enciende la luz.
Aunque luego, ya sabes: Abres los ojos y mil calles.
Tendrás que fiarte de mí. Y de ti, amor.

Porque me duelen tus labios tan lejos.
Cerrar los ojos para escuchar tus latidos. Que son míos.
Recorro la curva de tus sueños y tu almohada.
Sé que duermo mejor contigo.
Sabes que sueñas mejor conmigo.
Aunque luego, ya sabes, despertamos, y este muro.


Sales de tu vagón de cristal. Recorres esta distancia.
Subes la apuesta y confías. En ti, en tus ganas. 
En tus presagios. En mí. En mi bandera blanca. En mis ganas.
Confías y rompes la burbuja que te separa de mis labios. 


Ni un paso atrás, amor, ni un paso atrás.
Cambias tus manos por mis labios.
Subes la apuesta a todo, rojo, par.
Mueves la pieza correcta del ajedrez,
subes la apuesta y me besas. ¿O es al revés?
Tendrás que fiarte de mí. Y de ti, amor. ¿O es al revés?








martes, 6 de octubre de 2020

Frío como el infierno - Benjamín Prado

Roma, 1995













Estamos en invierno y esto es Roma
y tú no estás.
Yo voy de un lado a otro
de tu nombre,
lo mismo
que un oso en una jaula;
marco un número;
pongo la radio, escucho una canción
de Patti Smith dar vueltas dentro de Patti Smith
igual que un gato en una lavadora.

Estamos en invierno y yo busco un cuchillo;
miro la calle;
pienso en Pasolini;
cojes una naranja con mi mano.

Y esto es Roma.
La nieve
convierte la ciudad en una parte del cielo,
ilumina la noche,
deja sobre las casas su ángel multiplicado.














Y tú no estás.
Yo cierro una ventana,
miro el televisor,
leo a Ungaretti,
pienso:
la distancia es azul,
yo soy lo único que hay entre tú y este frío.
Estamos en invierno y esta ciudad no es Roma
ni ninguna otra parte.
Miro atrás
y puedo verlo: acabas de apagar una lámpara;
has cerrado los ojos
y sueñas con un bosque;
de repente
alargas una mano,
buscas una manzana
que está en el otro lado de la mujer dormida...

Mientras,
yo odio este mundo frío como el infierno
y el cansancio que caza lentamente mis ojos;
odio al lobo que has puesto en la palabra noche
y la forma en que llenas la habitación vacía.
Odio lo que veré
desde hoy y para siempre: tus pisadas
en la nieve de Roma, donde nunca has estado.





De "Todos nosotros" 1998

lunes, 5 de octubre de 2020

Cómo convencerte, amor. Cómo lograr que no dudes.

Jardines Tívoli. Copenhague. Dinamarca.
















Y ahora me doy cuenta. 
Llevas años sentado en la escalera. 
Silbando mi melodía.
Y ahora, los miedos de antes son otros. 
Ya no dudo, ¿recuerdas?

Y ahora, sé que me buscas. 
Me llamas con señales de humo, 
tambores indígenas.
Sé, por fin, que sin mí, 
tú eres un poco menos tú y más renuncia.

Y ahora, mis temores se visten de lunes. 
Cómo convencerte, amor. Cómo lograr que no dudes.
De que yo te busco igual, te llamo igual. 

Con fotogramas de nuestra película.
Con un acelerador de hadrones 
y todas las palabras del diccionario combinatorio.

Busco, subrayo, tarareo. 
Canto nanas, escribo cuentos, 
hilo de colores para coser tu sombra de nuevo.

Salto en la cama, miro al cielo, 
escucho el canto de cernícalos, gorriones y ojalás.
Y ahora, no sé si sabes que te busco, 
que te llamo, amor. Y rebusco entre mis cajones.

Y pruebo todas las llaves 
de la caja de los recuerdos.
Para decirte que yo sin ti, soy un poco menos yo.

Para decirte que eres 
las notas que sueño en la armónica
y las que afinan la guitarra que no sé tocar
y el quitalele que podría aprender a tocar. 

Para decirte que eres
películas en blanco y negro, los peldaños y la cuesta.
Esa que primero se sube para llegar a la cima
y luego la bajas despacito, sin prisa, con futuro.

Pruebo las llaves y aprendo
que el presente es convencerte, para que no dudes, amor.
Para que no dudes y te subas al tiovivo.
Ya no te vas a caer. Soy Casiopea, ¿recuerdas?



sábado, 3 de octubre de 2020

Vamos despeinados, qué importa. Volemos la cometa.


Pixabay


















Ahora tenemos perspectiva. He subido los escalones

Y antes de encender las luces del patio, hemos sacado la basura.

Yo no te rescaté del lodo. Te rescataste tú solo.

Tú no me rescataste del laberinto. Salí yo sola.

 

Antes no veía muy bien. Me cegaba David Bowie

(las gafas de lejos, que se empañan).

Me hipnotizaba y yo pensé que quería ser princesa.


Pero no. Quiero subir escalones y bajar cuestas. Quiero ir sin frenos.

Ahora tenemos perspectiva, hace viento, mucho viento.

Vamos despeinados, qué importa. Volemos la cometa.

 

Somos el ancla de un barco que encallaba en cada rompeolas.

Somos timón y timonel que ahora deciden hacia dónde.

Ventilamos la casa, olía a cerrado; a fantasmas, ya sabes.


Vamos a enfundarnos unos patines y, de la mano, quizá no caigamos.

Y si caemos, pues caemos. Qué importa. Sobrevivimos al naufragio.

Y a veces, los perdedores también ganan.

 

Quiero que otros locos recuperen la esperanza. Vivir no es renunciar, sino soñar.

Sobrevivimos a la inundación, al miedo y al olvido.

Y qué importa si somo luz de otoño, mientras aún tengas el fuego.

Y qué importa si tenemos más años y menos pelo.


Hemos inventado un lenguaje nuevo. Uno distinto a todo.

Somos polisemia encriptada, acertijos en la distancia.

Yo no quiero ser princesa. Ni reina. Ni musa. Bájame del pedestal.


Quiero que Jim Henson se suba a mi escalón y me dé la mano.

Quiero que me enseñe a hacer marionetas y vivamos en un circo de locos.

Quiero mi cama elástica. Soy Nora. Y quiero mi cama elástica. 


EFE/Bruna Cristiana
 





















Todos los derechos reservados.

PI se publicará el próximo 5 diciembre de 2020. Iremos adelantando poemas (¡y algún relato!) durante estas semanas. Dadle a seguir el blog o seguidme en https://twitter.com/pennylanebcn 

jueves, 24 de septiembre de 2020

Lo gracioso es que me subo a las norias.

Noria del Tibidabo de Barcelona





Lo gracioso es que me subo a las norias.

Tengo un vértigo tremendo, irracional.

Y siempre me subo a las norias.


No te extrañe que cualquier día me suba en globo.

Eso sí, tendrás que darme la mano.

Para no caerme, digo. 















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miércoles, 23 de septiembre de 2020

Los cuentos de marzo se han perdido. Hay que empezar uno nuevo.

Los cuentos de marzo se han perdido. Ya no están. Lo pasado, pasado está. No lo podemos cambiar.
Ya. Tienes razón, cuento. Hay que empezar uno nuevo.
Desde cero. Sin venenos. Sin reproches.

Veamos:
Érase un vez, una isla perdida en la Costa Blanca. En ella vivía una niña.




martes, 22 de septiembre de 2020

Yo qué sé











El futuro era una espera; dulce agonía,
latidos de una chacarera que llega
o un candombe para decir
te amo, te amo y te amo.

Somos música. Compás de espera.
Somos el vuelo de cada náufrago con miedo.
Somos cada primer beso.

Tu mano construye castillos de arena en mi mano.
Mi entrada de cine. Centradita.
En el coche suenan Los Chichos
y tú me sacas a bailar
en este primer día de la historia de la humanidad.

Y tus besos saben a infancia,
a ver el mundo por primera vez.
A cuando no teníamos vértigo absurdo
a caer y los periódicos.
A cuando solo existíamos tú, yo
y el rumor de las olas.

El futuro eres tú volviendo a casa.
Y esta ventana abierta.







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viernes, 18 de septiembre de 2020

Gritando por la ventana



















No sé quién de los dos es Momo y quién Casiopea.
No sé quién de los dos es Ray Kinsella y quién el campo de sueños.
No sé quién es el principito y la rosa.
No sé quién es Indiana Jones y quién los Gremlins.

Lo que sí sé es que los dos somos Bastian Baltasar Bux.
Y ambos llevamos todas nuestras vidas
gritando por la ventana "¡Hija de la Luna!"








PD: Escucha "El tiempo robado, los hombres grises y Momo de Michael Ende" en el podcast Planeta Invierno.
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miércoles, 16 de septiembre de 2020

Juntas somos invencibles, juntas espantamos a las hienas.


















Ella cuidó de tus sueños y mi niñez. 
Tú me diste alas y todos los corazones del mundo. 
Yo te levanto, te abrazo te tapo, en las noches frías de islas ciclotímicas.

Tú vuelves a la vida.
Y yo. Y ellas.
Yo la cuido y ríe como nunca. 
Ella me enseñó trucos con cordeles y manos, 
en su risa nacíamos todas.

Tú aprendes conmigo cosas que olvidaste enseñarme. 
Juntas somos invencibles, 
juntas espantamos a las hienas.

Juntas reímos, lloramos, abrazamos y amamos. 
Ferozmente. Y cuidamos a otras. Ferozmente. 
Como la leona que defiende a sus cachorros de los depredadores.

Y él. Él. ĖL. Me recuerda el camino. 
Me regala giros inesperados, sorpresas de dioses nórdicos 
que antes han cobrado su sacrificio. 
Y agotada, me rindo. Me da igual. 
Quedo en estas manos de nubes, ya nada me espanta.

Porque soy otra. Soy la niña que fui. 
Y no se puede regresar de una resurrección. 
He cruzado desiertos. 
Y bombillas de baile de infancia 
me abrigan en la noche más fría de esta humanidad...








 #5diciembre2020  #5diciembre2010 


viernes, 11 de septiembre de 2020

NO SE LO VA A CREER. LLEVO TODA LA VIDA ESPERÁNDOLE.

-No he visto pasar a nadie con esa descripción- le contesté. 

 -¿Está seguro? Son tres. Llevan un hilo: la primera hila, la segunda enrolla y la tercera corta.

 -¡¿No le digo que no?! No ha pasado nadie por aquí. Me acordaría. 

-Las estoy buscando desde hace años. Estoy desesperado. Necesito encontrarlas. 

 -¿Por qué? ¿Son sus hijas, acaso? ¿Tal vez, hermanas? 

-No, no. Nada de eso. Si las ve, por favor, ¿me avisará? Llevan túnicas blancas. Y en sus manos llevan mi destino. 

 -¿Su destino, dice? 

 -Sí. Eso es. Es lo que tejen. Mi vida. Mi futuro. Mi destino. 


Empecé a reír sin poder parar. Él me miraba con cara de indignación y asombro. Y yo no podía para de reír. Esperó a que terminara para ponerse en marcha de nuevo hacia adelante, sin despedirse y con un gesto amargo, pero a la vez entristecido. 

Se estaba dando por vencido. Pero no tenía otro lugar a donde ir. O eso pensaba. Antes de que se fuera demasiado lejos, pegué un alarido. 

 -¡¡¡Oiga!!! ¡Deténgase un momento! Perdone por haberme reído. No me lo tenga en cuenta. Solo soy un viejo sin modales. Le contaré un secreto. Acérquese. Se lo contaré mientras nos tomamos el té que estaba preparando. ¿Un azúcar o dos? Siéntese, por favor. Suerte que ha llegado. ¿Sabe qué?, no se lo va a creer. Llevo toda la vida esperándole. Por desgracia, usted lleva toda la vida corriendo detrás de su futuro. Y yo sólo soy un viejo sin modales al que le gusta el té. Pero quizás, ¿quién sabe? Ahora que he conseguido que detenga su ardua e infructuosa búsqueda quizá podrá tener tiempo darse cuenta de dónde está. 

-¿Y dónde estoy? 

Empecé a reírme de nuevo. Le di una palmada en el hombro, me senté y saboreé el mejor té con limón que jamás había probado. 

Él sonrió, bajando la mirada tímidamente. Sacó un mapa del bolsillo, lo echó al fuego y empezamos a reírnos a carcajadas. 


💫
Publicado en www.invitameavivir.blogspot.com el 28 de agosto de 2011.
Regina (pennylanebcn) 

domingo, 23 de agosto de 2020

Jack Slater

Espartanos del Cine on Twitter: "La carrera cinematográfica de ...

Soy Danny Madigan.
Esperando cerca de donde fui feliz.
A que me invites. A vivir. A cantar. A reir. A besar sin besar

Soy la entrada. O tú, yo qué sé ya.
Quiero ver a Jack Slater. Antes de que llegue el apocalipsis.
Y mientras, te miro. Estás igual que entonces.
No, miento, igual, no. Ahora sabes que te amo.
Sabes que siempre lo hice (siempre se me dio fatal disimular).

martes, 18 de agosto de 2020

x3+y3+z3=k

POLLO CON CIRUELAS

Resuelvo el acertijo. Sonrío.

Me pongo tu pijama. 

A ver, lo llevo puesto desde siempre. 

Me ha costado media vida.

  

Media menos de lo que creí que me costaría. 

Cuéntame el sueño de ese mundo más allá de Júpiter. 

El cuento de marzo reclama otro final. 

El cuento reclama otro principio.

 

Fuimos música con tar roto.

Pero ya no. Somos la respuesta, mi ecuación diofantina.

Fuimos vagabundos mudos. Pero ya no.

 

Porque la ciudad siempre fue para mí.

Desde que nos subimos a la nave.

Y toqué sin querer tu mano. No recuerdo el día, la verdad.

 

Somos pretérito imperfecto del verbo.

Eres la librería, el proyeccionista, los acordes. 

Siempre quise aprender matemáticas.

Te amo, me dices. O eso es lo que quiero entenderte.

 

Muñeco de nieve de la nevera.

Gafas de lejos. Miedo.


Y tiemblo, soy una hoja que cae y vuela con la nieve.

Y tiemblas, eres una hoja, que cae y vuela con la nieve.

Siempre quise aprender matemáticas.





domingo, 16 de agosto de 2020

John McClane se acaba de cargar la ventana

Jungla de cristal (“Die hard”, 1988) | Kinefilia


Escúchame una cosa.

No me debes nada. ¿Me oyes? Nada.

Desde que no te conozco me lo has dado todo.


Y desde que te conocí, estás llamando a la puerta.

Y tirando la silla contra la ventana. La que has liado, amor.

 

Fui jungla de cristal en tu Nostromo.

Pero pensé que era Louis Banks.

Ojo, que lo soy. Pero tú, también.

 

Y ahora recuerdo mi nombre. Gavilán.

Y tú quizás seas Ged o Ursula. Qué se yo.

Lo que sí sé es que eres mío. ¿Me oyes?

Eres de mis manos. Tu pecho, mi tejado.

Paraguas en este aguacerito intermitente.

 

Como cuando, al despertar, en Banyoles,

la radio lloraba por Benedetti.

Y yo lloré por todo lo que no era. 

Y lloré porque estaba alguien que se parecía a mí

Pero no era yo. Era vagabundo de las estrellas.

 

Tanto aguacero, tanto ir y volver. Grúa de coche.

Las señales que no quiero hacer caso apuntaban a Madrid.

Está bien, Dije. Vale, pero no estoy, dije. Era libro sin coser.

Pero no querías escucharme. O sí, yo que sé ya.

Eres mío porque creo que te soñé. Y soñé que me soñabas.

Eres mío porque, joder, menuda paciencia.

Nunca te conté que guardé el muñeco de nieve.

En la nevera. O en este horizonte de sucesos.

 

O yo qué sé, igual es átomo y electrón. O espín. O Espinete.

Me subí a una bici y me caí de lleno en las ortigas.

Me volví a subir. Y me volví a caer. Puto sol, como deslumbra.

 

Qué boquita tienes, tía. Te ríes por debajo de la mascarilla.

En el año del fin del mundo, eres mío. No te pienso compartir.

¿Me oyes? Huellas. Pasos que dejan cadáveres a su paso.

Perdonadnos.  Los besos, los abrazos, mi mano en tu mejilla.

 

Solo te pido que no me sueltes. He caído demasiadas veces.

Me he roto las piernas demasiadas veces.

No me sueltes, amor. Y córtame el paso si ves que dudo.

Agárrame de la solapa y dime Mira, te comento.

 

Apuntala. Llama. Escribe. Antes de la séptima plaga.

Antes del meteorito final y definitivo. Dibújame ese árbol.

Constrúyeme ese columpio en casa. Planta una mimosa.

Y la veremos crecer. ¿Tienes helio para el globo?

 

Que nos perdonen los que siguen buscando. Apartando cenizas.

Pido perdón a los muertos en vida. Fui de los vuestros.

Pero eso se acabó. Yo ya te encontré sin encontrarte.

Mis pesadillas ahora son las tuyas. Mis gritos, tuyos.

Mi locura llena de recuerdos y de viajes en el tiempo, tuya.

 

 

Sé que no supe verte entre la niebla. Sí, pero no. Al final, no.

Te confundí. Me confundiste. Saltaron los plomos, ya sabes.

Te vi y te eché. Te empujé y empujé. Te cerré la puerta.

 

La abrí. Me subí a un barco. Y al naufragar en tu isla, te volví a echar.

Y te volví a echar. De menos. Y volví a buscarte. Y, de nuevo, portazo.

Eres mío porque nunca te rendiste. Soñaste que bailábamos en el salón.

Y esperaste. Te rendiste, a veces. Me diste la excusa perfecta.

 

Pero seguiste enviando sondas al espacio. Cada día.

A ver si encontrabas a alguien de tu planeta.

Ven, amor. No me debes nada. Solo un primer abrazo.

Ese edén prometido. Ese viaje en avioneta roja.

 

Somos el chiste final de dios

 en el peor año de la vida de la humanidad.

Somos un hombre y una mujer que hablan el mismo idioma.

 

Quiero mi camiseta. Tu rosa. La risa que te debo. Quiero tu oscuridad.

Tu luz, el tiempo en tus ojos. Tus regreso al futuro, tus “Lo sé” de Han Solo.

Quiero llorar de tu mano con ese astronauta de Damien Rice.

No me sueltes. Da vértigo todo esto. Estoy acojonada. Lo confieso.

 

De repente ya no sé escribir poemas cortos,

ni canciones  que no sean para ti. Canta conmigo, anda.

Llévame a ver esos planetas prometidos. Enciende la radio.

 

No entiendo muy bien cómo hemos llegado aquí.

¿Tú lo entiendes? Está bien. Escucha. Me rindo. 42. ¿Vale? 42.

Llaman a la puerta. Abre. No tardes. Se acerca el fin del mundo.