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viernes, 14 de octubre de 2016

Concierto de Ismael Serrano, Madrid, 2016

4 octubre, 2016. Sala Nuevo Apolo. Final gira La Llamada (2014). Concierto tras dos años de gira. Ni un solo cartel en el exterior. Que yo vea. Solo anuncian a Antonia San Juan y Carmen. ¿Por qué? Ni un solo recordatorio en mano por parte del acomodador del concierto que vas a ver. Cómo cambia todo. Soy de esas personas que guardan como tesoros todos los folletos, programas, entradas de cine y conciertos. Suerte de las entradas que tienen formato entrada de verdad y eso puede servir como recuerdo.

Sonido bueno. Butacas primer anfiteatro, visibilidad buena, lejos, pero buena. 

Entramos en el teatro al que visto desde arriba reconocemos que le hace falta una capa de pintura y me viene a la cabeza el Palau de la Música y me reprocho a mí misma que las comparaciones son odiosas.

La compañía es la mejor que podría imaginar ya que, aunque no le guste Ismael (sí le cae bien) es la persona más respetuosa que he conocido y con su actitud me deja emocionarme todo lo que es posible en un concierto cuando hay magia. No íbamos a ir, pero en el último momento alguien en Twitter vende dos. Y al final, reconozco que me hace mucha ilusión volver a ver un concierto de Ismael. Entonces, no se hable más. Vamos.

Varias chicas les piden a sus novios que les hagan una foto con el escenario detrás. Yo la verdad es que hace tiempo que no hago eso. Tampoco informo a nadie por el móvil de lo que veo o pasa. Prefiero absorber todo lo que ocurre a mi alrededor, aprovechando cada segundo. Antes de que todo acabe porque, a veces, tres horas pasan más deprisa de lo que nos gustaría.
Así que observo a la gente, el teatro, beso, me besan. Estoy nerviosa, lo reconozco. Cuatro años desde la última vez.

Es verdad que he ido a otros conciertos y lo he pasado bien. Pero, así como es muy difícil encontrar un disco redondo del que te encanten todas las canciones, es más difícil aún ir a un concierto y tener la piel de gallina y emocionarte en varios momentos.

http://www.miusyk.com/
El orden se me ha olvidado y os emplazo a que miréis el tracklist de elsolenlaluna, así como su fantástica crónica y fotos. Irene… me ha encantado la crónica y las fotos son impresionantes. Casi fue el mismo tracklist, excepto los bises y Bergia, al que eché de menos.

Así, de forma desordenada, recuerdo que cantó Ana, Vértigo y Papá… de Atrapados; Recuerdo, Vine del norte, Pequeña criatura, de la Memoria de los peces; No estarás sola (es la primera vez que me emociono con esta canción y no sé si fue por la forma de cantarla o por los audiovisuales que salían, si es que era así en ese momento) de Los paraísos; Cien días (es de mis canciones preferidas y aún más cantada con esa fuerza y esos arreglos) de la Traición de Wendy; maravillosa Sucede que a veces (con el final ese que se marca tan espectacular de “coro”, el nanana, nanana) de Naves; echo de menos alguna de Sueños y ojalá hubiera cambiado la de Silvio por alguna de ese disco; Te vas (otra que me hizo llorar de emoción mientras, creo, aparecía un árbol al que iban creciéndole ramas, de las partes más emocionantes que recuerdo) de Acuérdate; Te odio (con ese teatrillo detrás, maravillosa siempre) de Todo empieza; Candombe (con esa joya de “versión” que está haciendo desde hace unos meses, con Loop, y con la que inevitablemente también se me escapan algunas lágrimas), Rebelión de Hamelin (y esas ilustraciones tan mágicas de Mar Blanco que también han ido acompañando a otras), La casa y el lobo (me encanta), Absoluto, Te vi, Ahora que te encuentro (me emociono con todas ellas, miro todo ese despliegue audiovisual, la magia, la pasión con la que canta), la Llamada con la que no dejo de mirar sonriente a los afortunados que están como flotando, del último disco.

Y Los invisibles... Pese a que en la versión de estudio me encanta, en directo, lo siento... suena demasiado a pachanga de pueblo. Bueno… no todo podía ser perfecto, ¿no? 

Los homenajes a Aute, a Silvio, la Canción infantil https://www.youtube.com/watch?v=d8cJ2QW0vjI
suenan preciosas. Luna de Candela me puso la piel de gallina. No paro de escucharla y cantarla y, aunque Ismael la canta muy bonita, la original me gana totalmente:


Echo de menos a Bergia, echo de menos canciones (eso es y será siempre inevitable a no ser que haga un concierto de 20 horas), echo de menos cuando me gustaban todas las canciones del disco.
Pero todo eso me da igual. 

Las tres horas que estoy ahí tengo la piel de gallina, sonrío, recuerdo cosas, pienso en personas que ya no están, en personas que espero que estén conmigo toda la vida, en mi futuro, en las nuevas vidas que siguen llegando a este mundo y que nos hacen más jóvenes a toda la familia, me acuerdo de otros conciertos, miro hipnotizada la magia y las ilustraciones que van apareciendo en el escenario, me dejo llevar por estas pequeñas cosas que nos regala la vida que te dan un respiro y te cargan de sueños, inocencia y optimismo. No me sueltan la mano ni un momento, me miran cuando lloro, me besan, beso y me recuerdo una vez más qué haríamos los humanos sin la música, sin la magia, sin los pequeños momentos que nos ponen la piel de gallina, que nos emocionan.


De poco sirve alimentar solo el estómago si no llenas también tu mente, tu corazón, tu alma. Esos pequeños ratitos de felicidad que nos acompañan y que llaman a la puerta más veces de las que solemos enterarnos.

Ya no puedo ir tan a menudo como quisiera a conciertos; por desgracia, debo elegir y dejar muchos fuera; pero me alegro de haber elegido a última hora, de nuevo, uno de Ismael. Hay cosas que siempre sientan bien. Y la realidad, a veces, es demasiado desmoralizante como para dejar escapar esos pequeños viajes y no permitirnos volver a ser niños de nuevo, aunque tan solo sea por un instante.

2 comentarios:

jaime dijo...

Gracias, pennylane. ¡Qué buena crónica!

pennylanebcn dijo...

¡Gracias a ti, Jaime, por tomarte la molestia de leerlo y especialmente de dejar un comentario! Se agradece mucho, un abrazo