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miércoles, 7 de octubre de 2020

Aunque luego, ya sabes: Abro los ojos y mil calles.

Peggy Choucair


















Somos esta hoja en blanco que tengo enfrente.
Este bucle infinito. Hay que salir de estas vías.
La vida tan lejos y yo, manos atadas.
Tendrás que fiarte de mí. Y de ti, amor.

Te beso. Cambio tus manos por las mías.
Subo la apuesta y te beso. ¿O es al revés?
Aunque luego, ya sabes: Abro los ojos y mil calles.


Somos el gesto, la piel que memorizamos a tientas.
El silencio de tus labios en los míos.
El sol de un pentagrama que enciende la luz.
Aunque luego, ya sabes: Abres los ojos y mil calles.
Tendrás que fiarte de mí. Y de ti, amor.

Porque me duelen tus labios tan lejos.
Cerrar los ojos para escuchar tus latidos. Que son míos.
Recorro la curva de tus sueños y tu almohada.
Sé que duermo mejor contigo.
Sabes que sueñas mejor conmigo.
Aunque luego, ya sabes, despertamos, y este muro.


Sales de tu vagón de cristal. Recorres esta distancia.
Subes la apuesta y confías. En ti, en tus ganas. 
En tus presagios. En mí. En mi bandera blanca. En mis ganas.
Confías y rompes la burbuja que te separa de mis labios. 


Ni un paso atrás, amor, ni un paso atrás.
Cambias tus manos por mis labios.
Subes la apuesta a todo, rojo, par.
Mueves la pieza correcta del ajedrez,
subes la apuesta y me besas. ¿O es al revés?
Tendrás que fiarte de mí. Y de ti, amor. ¿O es al revés?








1 comentario:

FRANCISCO PINZÓN BEDOYA dijo...

El amor y sus miles de facetas